Miras el tablero de tu auto, ves que la temperatura empezó a subir un poquito más de lo normal y te agarra ese sudor frío. Parás en una estación de servicio o en el garaje de tu casa, abrís el capó y notás que el nivel en el depósito del radiador está bajo. La tentación es grande y automática: agarrar una botella, llenarla en la canilla más cercana y agregarle agua al motor para “salir del paso”.
Parece una solución inofensiva, económica y rápida. Sin embargo, llenar el depósito con agua corriente es uno de los errores más destructivos que podés cometer contra la mecánica de tu auto.

Para evitar arreglos caros y mantener tu motor funcionando como un reloj, hoy te contamos qué le pasa internamente a tu auto cuando usás agua de la canilla y cuál es la forma correcta de reponer el nivel.
1. El gran enemigo: sarro, minerales y corrosión
El agua que sale de la canilla tiene minerales disueltos como calcio, magnesio y cloro. Si bien son inofensivos para tomar, dentro de un motor expuesto a temperaturas altísimas son letales:
- Sarro que tapa todo: a medida que el agua se calienta, los minerales se cristalizan y forman una capa pesada de sarro que va tapando los conductos finitos del radiador y el bloque del motor. Esto impide que el líquido circule bien y genera recalentamientos constantes.
- Corrosión en piezas metálicas: el agua corriente oxida las partes de hierro y devora los componentes de aluminio, como la bomba de agua o el termostato. Con el tiempo, el agua limpia se transforma en un líquido marrón y espeso lleno de óxido disuelto.
2. Puntos de ebullición y congelamiento: la física en tu contra
El motor de un auto moderno trabaja normalmente a temperaturas muy elevadas (entre 90 °C y 105 °C). Acá es donde el agua pura falla:
- Hierve mucho antes: el agua común se evapora y hierve a los 100 °C. Si la usás pura, genera burbujas de vapor dentro del circuito que impiden la refrigeración, haciendo que la aguja del tablero se vaya directo a la zona roja.
- Se congela en invierno: si vivís o viajás a zonas frías, el agua estancada dentro del motor se congela por debajo de los 0 °C. Al congelarse, el agua se expande y puede rajar el radiador o directamente fisurar el bloque del motor.
3. ¿Qué hace el líquido refrigerante (o anticongelante)?
El refrigerante adecuado no es simplemente “agua de color”. Es una mezcla química formulada a base de agua desmineralizada y aditivos específicos (como el etilenglicol) que le otorgan “superpoderes” al circuito de refrigeración:
- Eleva el punto de ebullición: permite que el líquido trabaje sin hervir hasta pasados los 120 °C o 130 °C.
- Baja el punto de congelamiento: evita que el líquido se solidifique, soportando temperaturas bajo cero.
- Inhibe el óxido y lubrica: contiene anticorrosivos que protegen el aluminio y lubricantes que cuidan los retenes de la bomba de agua.
¿Cómo actuar si te baja el nivel de refrigerante?
- En una emergencia real en la ruta: si no tenés refrigerante a mano y necesitas mover el auto sí o sí, usá únicamente agua destilada o desmineralizada (la misma que se usa para las planchas a vapor). No tiene minerales, por lo que no va a formar sarro, aunque debés saber que diluirá las propiedades del refrigerante que ya tenías.
- Lo que tenés que hacer apenas puedas: llevá el auto al taller para purgar el circuito, reparar la pequeña pérdida (el refrigerante no debería consumirse solo) y volver a llenar el sistema con la proporción exacta de líquido refrigerante concentrado y agua destilada recomendada por el fabricante.

Un bidón barato evita un arreglo millonario
Gastar unos pocos pesos en un buen líquido refrigerante o en una botella de agua destilada es la mejor inversión que podés hacer por tu auto. La próxima vez que veas el depósito bajo, resistí la tentación de abrir la canilla y acordate de realizar los services mecánicos: revisar el circuito de refrigeración y hacer el mantenimiento a tiempo te va a evitar sorpresas en la calle y miles de pesos en el taller.